Milagro

Un vagabundo entró y se plantó a la mitad del vagón. Sin mirar a nadie, extendió una vieja playera en la que cientos de pequeños cristales relucían. A cada brusco movimiento del tren le correspondía una ola de cristal que producía astillas y nuevos brillos multicolores. 

Acto seguido, el vagabundo dispuso un trampolín, subió a lo más alto y desde la plataforma exigió nuestra atención. Saltó y más de uno cerró los ojos, otros se cubrieron con lo que tenían a la mano para evitar la inminente salpicadura de sangre.

El hombre se sumergió en el mar de cristal y al rato saltó convertido en un pez de escamas vidriosas. Todos aplaudimos y más de uno tiró una moneda al mar, por si de una fuente de los deseos se tratara.

Publicado en Papenfuss (España), pag. 18

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