Papiroflexia

Uno, dos, tres dobleces. El hombre se equivoca y masculla palabras ininteligibles. Fastidiado desdobla la hoja de papel y comienza de nuevo.

Uno, dos, tres dobleces. Vuelve a fallar. Refunfuña, pero ya tiene encima las miradas de todos los que vamos en el vagón; no puede dar marcha atrás o quedaría en ridículo. Da una honda inhalación; trata de relajarse moviendo la cabeza en círculos, hace lo propio con los hombros; desdobla la hoja de papel y otra vez: Uno, dos, tres dobleces… No falla pues, ensimismado, continúa doblando la hoja de papel.

De posteriores dobleces surge una cola; después unas alas; en otros más aparece la cabeza, y de ésta, asoman unos colmillos.

El hombre sonríe. Continúa doblando la hoja de papel hasta que aparece un dragoncito. Orgulloso, el hombre mira su obra y entonces nos deshacemos en aplausos y vivas. El hombre nos mira, se pone de pie y hace una honda reverencia.

El metro entra en un túnel y se hace la oscuridad.

—Quémalos a todos —ordena el hombre al dragoncito de papel.

Publicado en Eso sienten los astronautas cuando vuelven a la tierra

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